El Poder del Canto

31 May

De un mar de átomos, surgen moléculas que se desplazan en ondas o vibraciones sonoras. ¿Darán vida a una voz, a un canto, a un silencio? El misterio es lo que será revelado: el poder de los cantos llamados Ícaros en la milenaria ceremonia de la Ayahuasca o Yagué.

En su movimiento, las ondas sonoras adoptan formas y vibran haciendo eco de las plantas sagradas. Los universos cantan.

De repente, entre este mundo y los múltiples mundos paralelos, sabes que “ya está aquí” cuando tu cuerpo se enciende en una luz y tu conciencia fluye entre realidades de ésta y otras dimensiones.

Las vibraciones dan paso a melodías, ritmos, intensidades, voces y cantos que se convierten en el medio conductor hacia la esplendorosa ciudad antigua de Machu Picchu. Mi cuerpo es una caja de resonancia conectada a los ícaros.

Los cantos y chiflidos son a la vez vehículo y bálsamo-medicina. Todos son diferentes: algunos son sublimes, algunos causan nostalgia y otros son aterradores porque son como un remolino que jala hacia el oscuro mar de la conciencia, dentro de nosotros mismos, causando un mareo que nos ayuda a purgar los daños psicológicos y físicos, y por lo tanto del espíritu.

“Estos están potentes”, pienso mientras escucho lenguas incomprensibles de los chamanes antiguos. Esos cantos me llevan a donde tenga que ir para morir y volver a nacer después de ingerir el amargo néctar de la Ayahuasca. La ceremonia es sagrada porque lo mismo muestra lo oscuro que lo luminoso. Te enseña el dolor y la dicha dentro de ti.

El canto de un grillo escondido entre la maleza se vuelve potente antes de ir a una enorme ciudad en el cielo donde los autos flotan y los edificios no parecen conocer límites en tamaño y belleza. ¿Por qué todo es color sepia?

Ahí vienen los indios, en grupos, cantando para que cruces y llegues a cualquier parte del universo, al infinito que hay en ti. Ahí vienen los pieles roja sobre sus corceles veloces. ¿Lloran o gozan? Todo puede suceder en las posibilidades de otros reinos. Son los que nunca se fueron, los que aún están sin estar.

Ahí también están los wixárica alrededor del fuego, cuidando la luz.

Llega María Sabina, señora de los cantos y el saber. En esa corta noche se hacen presentes los incas sobre su ciudad antigua, inmensa y dorada donde se juntan el águila y el cóndor.

Todo tiene poder: las palabras, los sonidos, la música, los chiflidos y los silencios.

El viaje ha sido largo aunque parezca corto.

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